15 April 2019

 

 

Queridas Amigas,

¡Qué privilegio es saludarlas durante esta santa temporada de Cuaresma! Una vez más posicionamos nuestros corazones para aceptar la gracia maravillosa gracia que Dios ha demostrado mediante su Hijo Jesús, la cual será demostrada a través de innumerables maneras alrededor del mundo en las celebraciones de Semana Santa. Confío que han experimentado este hermoso y sagrado tiempo para reflexionar sobre los últimos días de Jesús en la tierra, cuando se acercaba a Jerusalén y pensaba en lo que sucedería en el Calvario. Debemos sentir empatía con su dolor; aquel  precio agonizante que pagó para saldar nuestra deuda del pecado. Y aun así, ni la muerte ni la tumba lo pudieron contener, porque Jesús declaró y continúa declarando la victoria.

Por lo tanto, con asombroso poder, esperanza y alegría, nos levantaremos y declararemos victoriosamente el domingo de Pascua por la mañana, “¡Cristo, el Señor, ha resucitado hoy! ¡Aleluya! La tumba está vacía, Jesús está vivo. ¡Él no está allí... ha resucitado!". El domingo de Pascua nos da preciosas razones para celebrar.

En Mateo 28, cuando las mujeres descubrieron que Jesús había resucitado de entre los muertos, se sorprendieron y tuvieron miedo. Las mujeres habían llegado con profunda tristeza a la tumba de Cristo, esperando y creyendo que yacía muerto en la tumba. A pesar de todo lo que Jesús había dicho o prometido, ¡esperaban encontrar la muerte! Sin embargo, ellas experimentaron la mayor sorpresa de sus vidas. ¡Jesús estaba vivo!

¿Cómo impactaron las Buenas Nuevas de la Resurrección en la vida de las mujeres? Mira al versículo 8, "Así que las mujeres se alejaron a toda prisa del sepulcro, asustadas pero muy alegres”.

Sí, el temor estaba presente, pero la alegría de ellas, era mayor. Estaban llenas de alegría ya que lo que Jesús había profetizado acerca de sí mismo se había cumplido. Estaban llenas de alegría porque Jesús había regresado y su Nombre había sido glorificado. Estaban llenas de alegría porque Jesús fue y es completamente victorioso sobre las fuerzas del mal y la oscuridad. Estaban llenas de alegría porque las cadenas de la muerte se habían roto, no solo para Cristo, sino también para todos aquellos que creen en Él. Estaban llenas de alegría porque ahora había esperanza para los desesperados. Estaban llenas de alegría porque su propia fe, esperanza y amor no fueron en vano. Estaban llenas de alegría, porque lo que el viernes había terminado como una masacre, renació el domingo en triunfo. El tiempo de miedo y  aflicción había pasado, y el momento para regocijarse había llegado.

Tal como la primera mañana de Pascua, la alegría de la resurrección debe ser celebrada y la alegría de la resurrección debe compartirse. Nuestra reacción frente a Jesús Resucitado debe guiarnos en esta dirección: adorar, alabar y adorar al Señor Resucitado, que diariamente busca verter en nuestras vidas su poder de resurrección. Esta inmensa alegría llenó tanto a las mujeres en esa primera Pascua, que su reacción inmediata al encontrarse con Jesús fue inclinarse y adorar. Las mujeres fueron invitadas a creer. De esto se trata de la Pascua. Somos personas redimidas y perdonadas, y en eso radica nuestra alegría y esperanza. Y ahora, en ese mismo gozo y esperanza, nuestro Señor resucitado nos pide que creamos y actuemos en consecuencia.

Continuando en el capítulo 8 de Mateo, vemos que tanto el ángel como Jesús dan instrucciones: "Vayan y cuenten” el mensaje de la Resurrección. La intención de estas buenas nuevas no es que sea el secreto o conspiración mejor guardada de la Iglesia. Al contrario, debemos predicarlo, proclamarlo, gritarlo, cantarlo y vivirlo en todo el mundo. ¿Cómo podemos mantener las noticias de la Resurrección para nosotros? El cristianismo es una experiencia de fe, debemos "ir y contar".

El cambio notable en los primeros creyentes es una prueba sólida de la resurrección de Cristo. Un día se desanimaron y se escondieron con miedo. Al día siguiente, fueron fortalecidos, y con mucho fervor declararon Su Resurrección, con gozo y victoria.

La instrucción de ‘Vayan y cuenten” no solo se la dio a las mujeres y a los discípulos, ni se estableció únicamente para ese momento o ese lugar, ¡es una instrucción que continúa latente para todo el que hoy tenga un encuentro con Jesús! Estamos llamados a compartir las buenas nuevas con alegría y confianza, incluso en medio de nuestros temores.

Oro para que, sin importar las circunstancias en que nos encontremos hoy, Dios nos dé poder y nos anime a levantarnos en esta Pascua para compartir con alegría el maravilloso mensaje de salvación, transformación y esperanza con los que nos encontremos. Que la realidad de nuestro Salvador resucitado brille en nuestras vidas, para que las personas que nos vean también puedan experimentar la alegría de la Pascua, y tengan un encuentro con Jesús.

Dios los bendiga a todos. Gracias por todo lo que hacen en su ministerio con las mujeres y para las mujeres. Creemos que esta Semana Santa cambiará la vida de muchas personas en todo el mundo, al celebrar el amor, la paz y la alegría de nuestro Señor Viviente.

Bendiciones,

Rosalie

Comisionada Rosalie Peddle

Presidenta Mundial de los Ministerios Femeninos